domingo, 22 de julio de 2012

Nunca bañes a un linyera






¿Cuál es la fórmula invasora que te abre paso por esta ciudad?

Esta ciudad lamida con los dientes hasta aprenderse su forma,

Esta ciudad de garrapatas en los pies, vigilando.

Yo me subí al lomo mugroso de esta ciudad y le saqué los piojos, uno por uno, para que dejara de gritar.



Al igual que juntabas piedritas u hojas con forma linda en el bosque, hoy junto anillos de prostitutas por la calle, anillos kitsch de puta kitsch de Buenos Aires. Y al igual que tu mamá esa vez te dijo: para qué te llenaste de esa mierda los bolsillos?, así me los vacío y dejo los anillos sobre la mesa. Nunca están del todo vacíos los bolsillos, y como si limpios equivaliera a vacíos, nunca están limpios, como la mente.



Pero lo intento, intento sobrevivir a esta ciudad a costa de escupitajos, de gatos falsos lloriqueando en bolsas, aunque eso sea en realidad muy de la costa. “Nunca bañes a un linyera (porque se muere)”, creo que ese es el único consejo de mi vieja que puede llegar a servirme algún día. Porque todos lo demás son nada, pasta dentífirica enrollada bajo la lengua en forma de palabras.



Boca sucia, pies con nafta, uñas que se estiran rompiendo las sábanas.



Ves? Esto es lo que quería: Una prosa fría y una vida, en consecuencia.

Levantando las baldosas de todo aquello que alguna vez fuera... la juventud. De cualquier tipo que sea.



Y hablo de la juventud como de algo lejano, para pseudopizarnikeanas hay tantas, tantos y para los ex convictos del club de la poesía ya no alcanzan las camas. La palabra es la letrina de los necios. Levantando su garrote de goma para dar el último golpe contra el asfalto. Para que vomites por la ventanilla, como te enseñaron. Para que no molestes más con esa rabia de problemática lluvia que volcás en versos en vez de en las tetas o en la almohada; agujeros podridos en los que otros ya mearon, ya hicieron su historia y ahí venís vos, con tu plato hondo de lata, es tu turno en la fila.

Vas a escribir o a reconocerte? O vas a escupirles la comida en la cara? Vas a escribir o a reconocerte? o a desdentar cada rincón que de este lugar aún quede con esperanza? O no es lo mismo? Que es esta profilaxis entre la ciudad, el papel y vos? Un poco de nostalgia, che, -lustrate el spleen, Ruiseñor-.



No ves el gas rojo uniendo los sucesos? No te das cuenta de los arañazos de fotos incompletas que componés para vivir?, para no enloquecer sin recordar cómo fue que pasó todo... allá en tu infancia tercermunda, la ciudad.

El nido de mermelada negra, la ciudad, rota como un trompo roto girando, libre de todas las probabilidades de mierda que la determinan. Libre como el pájaro azul que sale de tu bragueta volando y se da contra un poste, y vuelve a empezar, feliz.

2 comentarios:

seba dijo...

las palabras que leí me atravesaron el ojo y se perdieron por ahí dentro rompiendo cosas -todavía las tengo pesadas en el pecho. hay imágenes fuertes y deliciosas, pero lo mejor es la insólita combinación de esas imágenes. Quiero decir: felicitaciones.

Jora dijo...

Una muy buen lograda convergencia de alegorías!